COO AYA Healing Retreats
Plant medicine student
Mi historia comienza en Pucallpa, en la tierra colorada al oriente del Perú. Una tierra mística, llena de mitos, leyendas, biodiversidad y muchas plantas que curan enfermedades, tuve el privilegio de crecer en un hogar marcado por el respeto profundo a la naturaleza y el orgullo cultural a los que mis padres me inculcaron, ya que en mi hogar existía influencia de la selva por parte de mi padre y la sierra por parte de mi madre.
Desde los dos años, padecí de asma bronquial y diversas enfermedades respiratorias que me aislaban por completo de un desarrollo normal y sano que una niña debería tener, vivía hospitalizada, con nebulizaciones constantes, recibiendo medicinas muy fuertes que debilitaban aún más mi organismo y mis defensas. Los médicos pediatras con todos los estudios y evaluaciones constantes en mi salud física, determinaron que nunca iba a sanarme, y sobre todo mis padres deberían estar preparados para lidiar con más enfermedades complejas que estaba presentando porque mi organismo ya no podía defenderse por cuenta propia. Recuerdo un dia que cuando lloraba mucho por el dolor que sentía, mis pulmones se cerraban, en ese momento un doctor se me acercó a tranquilizarme y me dijo: “Si tienes fe, solo un milagro puede sanarte, pídele a Dios”.
Esas palabras quedaron marcadas en mi mente y mi corazón, que siendo una niña mi fe era sin límites, cada noche antes de dormir oraba a Dios y soñaba con el día que me liberaba de todas mis dolencias. Uno de mis más grandes privilegios fue tener a mis abuelas que con su fe en Dios y la convicción tan grande que tenían en las plantas, me abrieron caminos de sanación y esperanza, cada una desde sus mundos, Olguita, mi abuelita paterna, pertenecía al pueblo de los Kukamas; sin educación formal, pero con una fe profunda en la selva, aprendió a utilizar las plantas a través de sus dietas largas, sus sueños, visiones y todos estos conocimientos que traía de sus viajes a la chacra, los ponia en practica para curar diversas enfermedades para sus hijos y en diversas comunidades aledañas.
Norita, mi abuela materna, fue privada de muchos derechos por ser mujer y fue sometida a situaciones muy dolorosas desde que era una niña pequeña, ella al crecer comenzó aaprender por su cuenta, y encontró sus propias fórmulas para curar problemas respiratorios y otras enfermedades en su natal Ocros, en Ayacucho.
Mis abuelas desde sus conocimientos empíricos en plantas medicinales, se unieron para preparar menjurjes que me daban de beber, mañana, tarde y noche. Muchos de estos tratamientos fueron muy difíciles de tomar, por los sabores y olores tan fuertes de esas plantas medicinales.
Recuerdo que comencé a dietar las plantas desde mis 3 años, a mis 5 años tengo recuerdos más lúcidos de la oración e intención que ponía antes de bañarme con las plantas y beber el líquido de apariencia verdosa y viscosa que tenía los brebajes de plantas como ñucñu pichana y matico, ungüentos elaborados con manteca de boa negra o de lagarto, todo acompañado con oraciones, ánimos de mis abuelas que siempre me decían “tu eres fuerte, tus más grandes miedos los debes vencer, no importa que te hagan soñar los animales, son buenos, debes tener fe en Dios que para él y su creación no hay nada imposible.”
Estos rituales matutinos con las plantas acompañados de sueños complejos por las noches en la cual era visitada por los espíritus o la madre de las plantas que bebía, también podía ver la presencia de las boas negras y lagartos que aparecian en mi mundo onírico después de haber utilizado su manteca en rituales nocturnos de protección pidiendo que me ayuden a calentar mi pequeño cuerpo del frío que siempre emanaba a causa del asma.
Cuando cumplí 7 años, mi deseo de cumpleaños fue sanarme por completo de esa enfermedad, recuerdo que una mañana, una intensa purga me liberó de toda la flema que estaba acumulada en mis pulmones durante tantos años, aun recuerdo lo impactante que fue para mi y toda mi familia ver todo lo que me causaba tanto sufrimiento, por fin se había expulsado por completo. Días más tarde, los médicos que siempre me trataban me volvieron a realizar análisis para comprobar si efectivamente mis pulmones estaban limpios, gran sorpresa se llevaron al ver que no existían rastros de flemas acumuladas en mi sistema respiratorio.
Mi familia y yo celebramos mucho ese día porque por fin toda la fe en conjunto, las dietas, prohibiciones de alimentos a los que me sometía para llevar la dietas, oraciones, baños con plantas y toda la paciencia que pusimos por fin había brindado sus frutos.
Comparto estas experiencias que viví en primera persona porque siento que es fundamental honrar, respetar, preservar y cuidar los saberes de la ciencia de los pueblos originarios. Reconocer a sus maestros tradicionales que sin ellos no tendríamos esta medicina tan sagrada. Porque nos ofrecen una ciencia ancestral llena de esperanza para la humanidad. No solamente para sanar cuerpos físicos, el espíritu o la mente, sino también para sanar sociedades, comunidades completas.
Pero junto con este reconocimiento mundial y la expansión global de la ayahuasca, entre otras plantas medicinales de la Amazonía, despierta un interés mucho más profundo en el campo médico, psicológico, y también social, que nos plantea preguntas muy interesantes y urgentes: ¿se reconoce la sabiduría ancestral que sustenta estos conocimientos, estos saberes?
¿Cómo asegurar que las comunidades que protegen estas medicinas, reciben una buena compensación? ¿Cómo evitar que su riqueza cultural se reduzca a un exotismo superficial? Este ensayo busca responder estas preguntas con un enfoque ético y humano, entrelazando la experiencia personal que viví en la Amazonía desde muy pequeña, junto a las voces académicas y científicas que enriquecen mucho más este contenido.
En los pueblos amazónicos, los conocimientos sobre la ayahuasca y otras plantas maestras son frutos de siglos de observación, experimentación, transmisión oral, y muchos estudios que se han ido enriqueciendo al pasar de los años.
Cabe mencionar que desde la llegada de los franciscanos y la religión cristiana a estas comunidades, Se ha tergiversado el uso de las plantas medicinales, como la ayahuasca. Incluso, oriundos de la selva del Perú alegan que estas prácticas son brujería o magia negra, y que son consideradas prácticas pecaminosas, condenadas por Dios y por la religión. Pero en la actualidad, muchos científicos, antropólogos, investigadores, reconocen que este saber es una ciencia ancestral, un profundo entendimiento e interconexión del mundo espiritual del reino vegetal, que ha inspirado a muchos hombres y mujeres hace cientos y miles de años. Estos conocimientos están basados en la experiencia y la relación sagrada con la naturaleza, ya que ellos se podrían considerar una cultura animista.
La epistemología de pueblos originarios ven a la ayahuasca como parte de un sistema médico complejo que fusiona la espiritualidad junto al tejido comunitario. Como destaca
Biaggi en (2025), para el pueblo Shipibo Konibo, “la ayahuasca no es un fin en sí misma, sino una herramienta dentro de un sistema médico completo.”
La conexión con estas plantas y esta medicina requiere de una preparación ritual previa a la conexión. Las dietas (Sama), la intención clara de sanación, la compañía del maestro como figura de guía espiritual y las prácticas posteriores de integración y de post-dieta forman un todo inseparable. La dieta, en particular, es la base del proceso. Implica restricciones alimentarias, sexuales y evitar ciertas comodidades del mundo moderno, el aislamiento, limpiezas energéticas a través de baños rituales, la ingesta prolongada de plantas específicas, preparan al cuerpo y alma para el encuentro con estas medicinas.
En el Perú, este conocimiento y ciencia ancestral ha sido reconocido formalmente, en el 2008, el gobierno peruano declaró los “conocimientos y usos tradicionales del ayahuasca practicados por comunidades nativas amazónicas” como Patrimonio Cultural de la nación, destacando la importancia de su protección, valoración y respeto.
Un caso de valoración y estudio científico junto a curanderos mexicanos, se suscitó en México de los años ochenta. Existió un pionero adelantado a su época. La labor del neuropsicólogo Jacobo Grinberg, buscaba tender puentes entre la ciencia occidental y la comprensión chamánica de la conciencia. Su “Teoría Sintérgica” propone que un campo de energía universal está co-creado por el cerebro, vinculando la neurofisiología a las experiencias chamánicas que él observaba durante sus estudios junto a la curandera Pachita, que realizaba operaciones quirúrgicas rudimentarias con un cuchillo de cocina y tenía una sorprendente capacidad de control sobre la materia y la energía.
Aunque su obra fue controversial, en ese momento, fue un valiente intento de validar científicamente fenómenos descritos por chamanes, sin desvalorizar la voz indígena. Esto marca un cambio profundo: Ya no se trata de oponer la ciencia a la sabiduría ancestral, sino de reconocer que ambas, pueden converger en un diálogo enriquecedor.
Reconocer legítimamente el conocimiento y ciencia indígena es aceptar que, aunque sus métodos se diferencian del método científico occidental, han generado resultados palpables y comprobables: sanaciones y un entendimiento profundo e interconexión con la naturaleza. Los maestros tradicionales de Ayahuasca son científicos ancestrales entregados al estudio de la mente, el espíritu, la botánica y lo sagrado, cuyas enseñanzas merecen un lugar y el reconocimiento justo junto a las ciencias modernas.
En la actualidad, la ayahuasca y los retiros de dietas con plantas medicinales, Han despertado un creciente interés en contextos urbanos y occidentales, trayendo consigo una pregunta muy importante. ¿Las comunidades indígenas perciben el reconocimiento y el beneficio justo que merecen por compartir su medicina? ¿La reciprocidad es devolver algo valioso a cambio de lo que se recibe?
En el caso de los pueblos originarios que comparten sus medicinas tradicionales, esto se puede traducir en una compensación económica justa hasta el apoyo para preservar su cultura y sus tierras, que muchas veces sufren pérdidas de sus recursos naturales, opresiones, extorsiones, desplazamientos, incluso privaciones de la libertad y de su propia vida.
Utilizar la medicina de la ayahuasca sin reciprocidad vuelve a caer en las mismas dinámicas coloniales de extracción. La deuda histórica con los pueblos originarios es enorme, pero avances como la Declaración Patrimonial de la Ayahuasca o medicinas naturales en el Perú indican que es posible caminar hacia una reciprocidad genuina y respetuosa. Siempre y cuando exista un compromiso claro y justo entre los centros que operan en tierras amazónicas, incluso de investigadores que se benefician de estas medicinas y sabidurías ancestrales.
Asimismo, la globalización y el auge de la medicina de la ayahuasca también ha traído un fenómeno complejo, la exotificación de los rituales amazónicos. Esto ocurre cuando se simplifican, romantizan o mercantilizan elementos culturales presentándolos como algo exótico para consumo externo, sin respetar su significado profundo. Algunos facilitadores occidentales, incluso mestizos y nativos amazónicos, Adaptan rituales para atraer turistas, disfrazando el verdadero contexto de una ceremonia de ayahuasca, muchas veces priorizando la experiencia espectacular sobre la verdadera sanación.
Esto genera estereotipos que caricaturizan a los pueblos indígenas como guardianes mágicos, invisibilizando sus luchas, y la realidad contemporánea. Banalizando prácticas
sagradas: Utilizando vestimentas tradiciones como disfraz o cantar icaros sin la transmisión real y el respeto por la inspiración de las Samas, quitándole respeto y profundidad.
Frenar la exotificación requiere educación intercultural: que los participantes occidentales comprendan la historia, función y espiritualidad detrás de cada planta, canto y ritual. También es imprescindible que los facilitadores no indígenas reconozcan sus límites y den espacio a los maestros experimentados. Solo con respeto genuino y conocimiento profundo se puede honrar la cultura amazónica sin convertirla en mercancía.
La ética es el agente constructor que fomenta la confianza, la cooperación y el respeto, Se trata de cómo nos relacionamos con las comunidades y pueblos originarios, reconociendo su saber, y compensando justamente.
Una justa retribución también es acompañar este reconocimiento con acciones concretas y verdaderas, como pagos adecuados a los maestros que enseñan acerca de sus saberes ancestrales, inversiones en proyectos comunitarios, el respeto a sus protocolos de consentimiento. También en la facilitación de ceremonias, la ética implica proteger a los participantes y actuar con honestidad y competencia, siempre con humildad y disposición para aprender de toda la sabiduría que la selva y sus hijos tienen para ofrecer.
Este ensayo invita a la reflexión sobre la importancia de los maestros tradicionales, de las sabidurías ancestrales en el uso de la ayahuasca y sobre las dimensiones éticas y culturales que surgen en su encuentro con el mundo moderno. La medicina de la ayahuasca nos invita a
construir puentes entre saberes diversos como la ciencia moderna, la tecnologia, la historia entre muchas mas, pero estos puentes requieren respeto, reciprocidad y humildad.
La ciencia indígena ancestral merece ser reconocida y valorada, ya que hasta el momento se reconoce y se comprueba la efectividad de sus tratamientos en diferentes contextos. Revalorizar estos saberes, suman a la reparación y deuda histórica que siglos de opresión colonial ejerció violencia y robo de estas sabidurías. Al mismo tiempo, la reciprocidad nos recuerda que quienes se benefician de esta ciencia deben retribuir, protegiendo y empoderando a culturas originarias a través de empleos justos, retribuciones económicas y tratos justos, apoyo legal y educativo.
La exotificacion es un riesgo latente cuando la ayahuasca es utilizada en un contexto de mero consumo turístico, recreativo o banalizando como un show cultural. Combatirla requiere educación, protagonismo indigena, reconociendo la profundidad cultural de los rituales sagrados y su significado espiritual.
Desde mi historia personal, finalizo este reconocimiento histórico con el corazón lleno de gratitud hacia mis abuelas, mis referentes de la medicina natural y de la conexión única que podemos desarrollar con la selva y con las plantas. Ellas, para mí, encarnan en todos los sentidos el valor de la reciprocidad y la ética con su amor y cuidado, no sólo hacia mí, sino en sus comunidades. Los maestros tradicionales nos enseñan que la verdadera sabiduría es humilde y generosa.
Tenemos un compromiso en nuestras manos, construir juntos un futuro justo para las medicinas tradicionales, para la ciencia indígena, para los pueblos originarios, honrando el pasado, actuando ahora en el presente y soñando un futuro donde la ayahuasca sane no solo cuerpos, sino también vínculos entre culturas.
Biaggi, G. (2025). Integración terapéutica post-Ayahuasca [Diapositivas de conferencia]. Sociedad Peruana de Medicina Enteógena e Intercultural (SPMEI). [11]
Hernández Gómez, V. I. (2022). La Teoría Sintérgica de Jacobo Grinberg Zylberbaum: experiencia, consciencia y unidad. Reflexiones Marginales, (67).
Ministerio de Cultura del Perú. (2008). Resolución Directoral Nacional #836/INC – Declaran Patrimonio Cultural de la Nación a los conocimientos y usos tradicionales del Ayahuasca practicados por comunidades nativas amazónicas. Lima: INC.
Shipibo-Konibo: Rol del médico tradicional. (2024). Curso SPMEI – Ética, Seguridad y Salud en Medicina Tradicional. [Apuntes de seminario].